¿De que sirvió que yo llorara por usted?, ¿Que yo pensara en usted por ahí y por aquí?, ¿De que sirvió todo? Usted, querido mio, ¿No lloro por mi? ¿No me pensó un segundo de su día, un instante de su vida? No verdad, no pensó. Pues yo si, no me arrepiento, de nada. Hoy duele, duele, las heridas son profundas. Yo lo he sabido superar, pero jamas lo olvidare... Espero que usted a mi, no me olvide.
sábado, 1 de junio de 2013
«¿Por qué nos enamora Mr. Darcy?»
¿Qué tiene un hombre de hace doscientos años para enamorar a millones de mujeres del siglo XXI?¿En qué consiste esa atracción intemporal e irremediable?
¿Por qué nos fascina Mr. Darcy? De nuevo, porque NO es un héroe romántico. No hay dramatismo ni en su conducta ni en la de Lizzy. No se pone de rodillas ante su amada; no la hace sentir culpable ni en deuda con él por lo que ha hecho; no lloriquea como un niñato reclamando el amor de su amada sino que respeta lo que el corazón de ella decida respecto a él. Ni escenitas ni numeritos. No hay ni siquiera, afortunadamente, ningún regalo absurdo. Darcy no es un manipulador.
Tan solo hay dos momentos de declaración de amor: la primera, nefasta, y la segunda, insuperable. El resto son actos, silenciosos, discretos.
Darcy es un hombre responsable. Uno de los grandes errores que ha cometido es el de guardar silencio sobre la conducta de Wickham. Y ese silencio provoca una desgracia de una joven, Lydia que, en este caso, es la hermana de la mujer a la que ama. Él se siente responsable de ese error y lo subsana. Silenciosamente. Sin esperar nada a cambio.
La fascinación la sentimos ante la BELLEZA DE LA CONDUCTA. No se puede describir, porque no es evidente ni explícita.
Nos conquista el saber estar y la sutileza de Mr. Darcy, para cuyo corazón solamente importa lo que él siente hacia Lizzy y si ésta le corresponde, y de la calidad de los sentimientos de ambos; independientemente de su tía, Lady Catherine de Bourgh, de la opinión que tengan de él los Sres. Bennet o el resto del Universo. Solo si ella no ha cambiado de opinión, él se callará y no volverá a mencionar el asunto. Lizzy también corrigió sus errores, y aprendió a ver lo que realmente importa.
Ese saber estar, esa madurez, esa generosidad, esa responsabilidad, esa ELEGANCIA del gesto y de la conducta, esa BELLEZA DE SER impecable, es la que nos deja rendidos de admiración, y con el corazón reconociendo lo que realmente significa la palabra AMOR.
— Blog: Hablando de Jane.
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